El arte es siempre expresión de una cultura, reflejo de unas creencias y de una forma de entender la vida. El arte egipcio es la plasmación de una civilización, la egipcia, que se caracterizó por un eminente carácter religioso y funerario.

 El culto a los dioses y las ideas de la vida de ultratumba impregnan todas las manifestaciones del arte egipcio, y muy especialmente la arquitectura, que estuvo orientada principalmente a una finalidad religiosa y funeraria, hasta el punto de que se esmeraban más en la creación de viviendas para después de la muerte que en las destinadas al disfrute en vida.

 La escultura egipcia llegó a tener dos modos de expresión un tanto diferentes según se representara a personajes sobrenaturales, dioses o faraones, o a mortales humanos. La primera presenta una serie de normas fijas: frontalidad, hieratismo, calma y dignidad en las actitudes, etc..Estas normas se mantendrán a lo largo de las diferentes etapas, mientras que las esculturas de altos funcionarios y gente del pueblo están hechas con cierta libertad en las formas y en la composición.

 Aunque existen bajorrelieves exentos, como la pale­ta del rey Narmer o situados en el interior de los templos, gran parte de ellos, junto con la pintura, supusieron la decoración más abundante des­plegada en las mastabas e hipogeos.

El relieve egipcio posee poco bulto, de ahí su denomi­nación de bajorrelieve y generalmente se encontraba policromado, de tal modo que casi parecen pinturas cuyas figuras sobresalen ligeramente del fondo.

Pintura y relieve poseen una rica iconografía que se desarrolla a partir de una doble temática: imágenes de la vida de ultratumba y escenas de la vida real. Debido a su ubicación en las tumbas, se quería dar una muestra de cómo era la vida del difunto en la tierra y cómo será en el «más allá».